1. El chocolate te hará tener más granos
En definitiva, la única relación entre el chocolate y los granos es la del azúcar, que, casualmente, abunda en cualquier postre o producto dulce. Además, conviene recordar que normalmente cuanto mayor sea la pureza del chocolate, menos cantidad azúcar suele tener entre sus ingredientes.
2. Las grasas son malas
Durante años las grasas las hemos visto como el diablo de la alimentación: que si colapsan las arterias, que si nuestro organismo no las tolera, que si engordan… Las razones que se exponen son infinitas, pero a día de hoy muchas de estas teorías están en la cuerda floja. Tal y como indica el citado estudio que recoge la prestigiosa revista Time se está empezando a hablar de un posible cambio de paradigma alimenticio en Occidente. Al fin y al cabo, no debemos olvidar que las grasas son, como cualquier otro nutriente, necesarias para un correcto funcionamiento de nuestro organismo y estas son las encargadas de aportar el tan vilipendiado, pero útil, colesterol.
3. Consumir menos calorías adelgaza
Habitualmente entendemos que una buena alimentación se caracteriza por ser baja en calorías y que si queremos adelgazar, lo primero que deberemos hacer es disminuir el consumo de estas. Sin embargo, tal y como indica la entrenadora personal Keri Mantie en el Boston Globe, nunca debemos ver a nuestro cuerpo como una calculadora de contar calorías.
Que una alimentación sea correcta va mucho más allá del consumo calórico, puesto que influyen todos los nutrientes que ingerimos, nuestro ritmo de vida y nuestras propias características fisiológicas. Tal y como indica Mantie, es posible que una magdalena tenga las mismas calorías que una ensalada, pero es bastante obvio que no aportará los mismos nutrientes.
Con la llegada de la ‘fiebre’ del miedo por el colesterol, uno de los alimentos sobre los que se puso la lupa fueron los huevos, que terminaron siendo los grandes señalados como causantes de los altos niveles de estas sustancias grasas. Sin embargo, nuevos estudios rompen con estas creencias. Tal y como ha indicado la asociación americana del corazón, el colesterol que procede del huevo no tiene ningún riesgo añadido al de cualquier otro alimento.
O lo que es lo mismo: las personas con el colesterol alto deben tener cuidado con el excesivo consumo de cualquier producto graso, incluido el huevo, pero para el resto de personas no existe ningún riesgo en particular. Llegó un momento en el que se dijo que no debían de consumirse más de tres a la semana, lo que ha sido desmentido en varias ocasiones y muchos expertos hablan de que se puede comer uno al día. Además, muchas son sus ventajas, como los elevados niveles de fósforo, hierro o vitaminas A, B y E que contienen.
Habitualmente entendemos que una buena alimentación se caracteriza por ser baja en calorías y que si queremos adelgazar, lo primero que deberemos hacer es disminuir el consumo de estas. Sin embargo, tal y como indica la entrenadora personal Keri Mantie en el Boston Globe, nunca debemos ver a nuestro cuerpo como una calculadora de contar calorías.
Que una alimentación sea correcta va mucho más allá del consumo calórico, puesto que influyen todos los nutrientes que ingerimos, nuestro ritmo de vida y nuestras propias características fisiológicas. Tal y como indica Mantie, es posible que una magdalena tenga las mismas calorías que una ensalada, pero es bastante obvio que no aportará los mismos nutrientes.
4. Los huevos son malos
Con la llegada de la ‘fiebre’ del miedo por el colesterol, uno de los alimentos sobre los que se puso la lupa fueron los huevos, que terminaron siendo los grandes señalados como causantes de los altos niveles de estas sustancias grasas. Sin embargo, nuevos estudios rompen con estas creencias. Tal y como ha indicado la asociación americana del corazón, el colesterol que procede del huevo no tiene ningún riesgo añadido al de cualquier otro alimento.
O lo que es lo mismo: las personas con el colesterol alto deben tener cuidado con el excesivo consumo de cualquier producto graso, incluido el huevo, pero para el resto de personas no existe ningún riesgo en particular. Llegó un momento en el que se dijo que no debían de consumirse más de tres a la semana, lo que ha sido desmentido en varias ocasiones y muchos expertos hablan de que se puede comer uno al día. Además, muchas son sus ventajas, como los elevados niveles de fósforo, hierro o vitaminas A, B y E que contienen.




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